AUTOR: ERNESTO BOZZANO
(traducido del portugués por Francisca
Ribert, e-mail benevol@jet.es)
Como ya tuve ocasión de decir muchas veces, hace algunos años que me consagro al examen de los principales relatos de “revelaciones trascendentales”, aplicándoles los procesos del análisis comparado y obteniendo resultados tan inesperados como importantes. Las investigaciones emprendidas hacen emerger la prueba de que las numerosísimas informaciones obtenidas médiumnicamente, respecto al plano espiritual, concuerdan admirablemente entre sí, en lo relativo a las indicaciones de carácter general, que, por otro lado, son las únicas necesarias para que se concluya a favor del origen de las revelaciones tratadas, origen que es extraño a los mediums, por los cuales tales revelaciones se obtuvieron. Con respecto a los desacuerdos aparentes de naturaleza secundaria, que se aprecian en esas revelaciones, provienen evidentemente de causas múltiples, fáciles de ser comprendidas y enteramente justificables. Añadiré, a este propósito, que algunas categorías de esos supuestos desacuerdos contribuyen a darnos eficazmente una visión nítida y sintética de las formas en que se desarrolla la existencia espiritual, ya que parecen determinadas por las condiciones psíquicas especiales de cada personalidad difunta que se comunica.
Creo incluso necesario insistir sobre el hecho de que, si persevero en ocuparme de un tema condenado al ostracismo por la Ciencia, es que, gracias a mis laboriosas investigaciones, adquirí la certeza de que, en un futuro no distante, la sección metapsíquica de las “revelaciones trascendentales” alcanzará gran valor científico y, por consiguiente, constituirá la rama más importante de las disciplinas metapsíquicas. ¿ Qué importa, entonces, que sea esta rama actualmente rechazada por los metapsiquistas de orientación rigurosamente científica y totalmente despreciada por gran parte de los propios espíritas, entre los cuales yo mismo me encontraba hace menos de tres años?
Reconozco que no podía ser de otro modo porque conforme a la evolución mental, en los análisis metapsíquicos, el investigador comienza por ocuparse de las manifestaciones sobrenaturales de naturaleza especialmente física, para después reflexionar sobre las manifestaciones de naturaleza especialmente inteligente que contienen indicaciones verificables de identidad personal de los difuntos. De esto se deduce que solo cuando se haya llegado a la certeza científica, con relación al origen espírita de la parte más interesante de los fenómenos metapsíquicos, se comprenderá el gran valor científico, moral y social de las revelaciones trascendentales estudiadas sistemáticamente. Entonces se elevarán rápidamente al lugar de honor, en la clasificación de las manifestaciones metapsíquicas. Todavía no despuntó el alba de ese día. Pero eso no impide que un investigador aislado pueda adelantarse a su época, de forma a forjarse una opinión exacta al respecto, fundándose en hechos recopilados. En estas circunstancias, ese investigador, está obligado, en conciencia y para bien de todo el mundo, a mantener con coraje su opinión, aunque los tiempos todavía no maduros lo expongan a las críticas más o menos severas. Ahora yo me siento con ese coraje; cambié de parecer, y, en relación, al valor relativo de los relatos de “revelaciones trascendentales”, no dudo un solo instante en reconocerlo.
Además de esto, me siento animado por el ejemplo de algunos investigadores eminentes que no dudaron en publicar declaraciones análogas. He aquí como a propósito se expresa el profesor Oliver Lodge...
“Estas revelaciones son llamadas
“inverificables”, por no ser posible realizar investigaciones para
verificar lo que ellas afirman, como se
hace para la verificación de las informaciones concernientes a asuntos
personales, o a acontecimientos mundanos,... De todos modos, soy llevado a
creer, de igual manera que otros investigadores cuyo número es cada vez mayor,
que está próximo el tiempo en que se deberá retomar sistemáticamente y discutir
el material metapsíquico de naturaleza “inverificable”, material que se presta
a ser analizado y examinado con fundamento en su consistencia intrínseca, que
le confiere un grado notable de probabilidad, de la misma forma que las
narraciones de los exploradores africanos se prestan a ser analizadas y
verificadas con fundamento en sus concordancias.
Recordaré que, desde el punto de vista
filosófico, se ha observado que todo contribuye a suponer que, en último
análisis, la prueba real de la supervivencia a la muerte dependerá del estudio
y de la comparación de esas “narraciones de exploradores espirituales” más que
de las pruebas resultantes de informaciones personales suministradas acerca de
acontecimientos del pasado, relativamente a los cuales (en tanto no se llegue a
penetrar a fondo en la naturaleza de la memoria) será siempre posible
conjeturar que todo el pasado es potencialmente accesible a las facultades
sobrenaturales de la conciencia humana... aunque ahora yo no considere racional
la hipótesis de una memoria impersonal... (Raymond, pgs 347-348)”
El profesor Hyslon, a propósito de la publicación de dos recopilaciones de “revelaciones trascendentales” sobre el Más Allá, declaró a su vez...
“Nada hay de imposible en las informaciones que esos mensajes
contienen... La mayoría de las personas ridiculizan el concepto de una realidad
espiritual tal como la que se dibuja en las “revelaciones”; sin embargo, esos señores, que reparten el
ridículo con tanta ligereza, no se acuerdan que, actuando así, suponen conocer
toda la verdad al respecto del mundo espiritual... No me pronuncio ni a un
lado, ni al otro, pero declaro no tener objeción alguna en plantear la existencia de un plano espiritual, como
el que se describe, aunque tuviese que parecer más absurdo que nuestro plano
terrestre. No llego a comprender por qué se exige que el mundo espiritual sea
más ideal que el nuestro. Los dos mundos son obra del mismo Autor, quiera que
se llame a este Materia o Dios. Nadie puede afirmar o negar a priori. El hecho de negar o de lanzar al
ridículo las “revelaciones trascendentales” equivale a pretender conocer con
certeza, el mundo espiritual, lo que constituye presunción indigna para un
escéptico razonable...
En resumen, los libros de esta especie son
importantes, porque nos dan una primera idea sobre el mundo espiritual,
ofreciéndonos también la oportunidad de comparar detalles contenidos en las
diferentes revelaciones obtenidas...
Y, en nuestro caso, se comprueba que las
informaciones, que nos son transmitidas en esos mensajes por las personalidades
que se comunican, concuerdan con otras que nos llegan por otros mediums no
religiosos e incluso menos inteligentes y cultos. (Americam Journal of the S.P.R 1913, pgs 235-237)
Agregaré que hay un método para verificar las afinidades
concernientes a la existencia espiritual, con exclusión de la prueba indirecta
presentada por la identificación personal del Espíritu que se comunicó. Este
método consiste en experimentar con un número suficiente de mediums, para
comparar después los resultados, una vez recogidas las informaciones necesarias
sobre la instrucción especial de cada uno de ellos al respecto. Si se llegase a
comprobar que uno de los mediums empleados ignoraba absolutamente las teorías
espiritistas (lo que excluiría la hipótesis de una elaboración subconsciente)
sería conveniente experimentar con otros mediums, para obtener informaciones
sobre el mismo asunto, y así en adelante, sin que se llegasen a establecer
relaciones entre ellos. Es evidente que, en esas condiciones, una concordancia
de informaciones fundamentales, repitiéndose en una centena de individuos
diferentes, tendría un valor bastante grande a favor de la demostración de la
existencia real de un mundo espiritual análogo a lo que fuera revelado. (Ibid-1914
pgs 462-463)”
Tal es la opinión de dos sabios muy distintos, acerca del valor teórico de las recopilaciones de “revelaciones trascendentales”. Observaré que el método de investigación propuesto por el doctor Hyslop es, en suma, el que adopté. Él, en efecto propone que se experimente con gran número de mediums, que no conozcan las doctrinas espiritistas, a fin de comparar luego los resultados. La cosa es teóricamente posible, pero de realización difícil, porque es raro que un solo investigador llegue a encontrar numerosos mediums, que permitiesen poder llevar a cabo una formidable empresa como es esa. Más práctico era, pues, aprovechar el material inmenso que se acumuló en estos últimos años, concerniente a las “revelaciones trascendentales”, para emprender una selección severa de todas las piezas, clasificándolas, analizándolas, comparándolas, teniendo cuidado de recabar informaciones sobre los conocimientos de cada medium en lo tocante a las doctrinas espíritas. Tal fue precisamente la tarea que me propuse acometer en mis investigaciones, a las cuales ya consagré dos años, llegando a desentrañar cerca de la mitad del material reunido. Solo cuando noté que el material clasificado adquiría proporciones tales que impedirían su publicación en un volumen, juzgué oportuno suspender temporalmente las investigaciones, para elaborar algunas monografías de ensayo con los resultados ya obtenidos. La que sigue es la primera que me dispongo a publicar.
Comienzo por insertar un número suficiente de “revelaciones trascendentales” referentes a las impresiones experimentadas, en el momento de la entrada en el mundo espiritual, por las personalidades de los muertos que se comunican. Advierto que ese grupo de narraciones, aunque interesante y significativo, no es el más eficaz para la demostración de la tesis que sostengo. Refiriéndose esta a los episodios iniciales de existencia extraterrestre, los cuales están completamente sujetos a las consecuencias de la “ley de afinidad”; debido a ella cada Espíritu desencarnado es llevado necesariamente a gravitar por el estado que corresponde al grado de su evolución psíquica, alcanzado de acuerdo a su paso por la existencia en la carne. Lo que no deja de determinar diferencias sensibles en las descripciones que nos llegan de los muertos, acerca de su entrada en el mundo espiritual. De todos modos deberá observarse que esos desacuerdos se dan únicamente en detalles secundarios, ya sean personales, ya sean dependientes del medio, nunca en lo que concierne a las condiciones correspondientes, de orden general.
Antes de entrar en el asunto del que voy a tratar, me cumple hacer una declaración destinada a prevenir una pregunta que mis lectores pudieran formular. Refiérese a esta circunstancia: todos los hechos, que citaré, de difuntos que narran su entrada en el plano espiritual, son sacados de recopilaciones de “narraciones trascendentales” publicadas en Inglaterra y en Estados Unidos. “¿Por qué, me preguntarán los lectores, ese exclusivismo puramente anglosajón?” Responderé que por una sola razón absolutamente perentoria. No hay ni en Francia, ni en Alemania, ni en Italia, ni en España, ni Portugal, recopilaciones de “narraciones trascendentales” bajo la forma de tratados de narrativas continuadas, orgánicas, divididas en capítulos, dictadas para una sola entidad mediúmnica y confirmados por pruebas excelentes de identidad de los difuntos que se comunicaron. Las pocas recopilaciones, que se han publicado en los países arriba citados, estaban constituida por mensajes cortos, obtenidos por el sistema de los interrogatorios dirigidos a una multitud de espíritus, en los que no se encuentran episodios concernientes a la crisis de la muerte, si exceptuamos el conocido libro de Allan Kardec: “El Cielo y el Infierno”, en el cual se pueden leer tres o cuatro episodios de esta especie. Pero, si bien, se encuentran en ellos algunas concordancias fundamentales con las narraciones de otros Espíritus que se comunican, son demasiado vagos y generales, para poder ser tomados en consideración, dentro de una obra de análisis comparado.
En tales condiciones, es claro que si los pueblos anglosajones son los únicos que, hasta hoy, han mostrado saber apreciar el gran valor teórico y práctico de las “revelaciones trascendentales”, como son los únicos que a ello se consagraron, empleando métodos racionales, no me quedaba otra cosa sino tomar el material necesario allí donde lo encontraba. Y tanta más razón había para así proceder, ya que me propongo escribir toda una serie de monografías relativas a las concordancias y a los desacuerdos que los procesos del análisis comparado hacen resaltar en el estudio de las recopilaciones de “narraciones trascendentales”, y no es menos cierto que tenía que empezar por el principio, esto es, por lo que los muertos tienen que contar acerca de la crisis de la muerte.
Pasemos ahora a la exposición de los casos. Citaré, para empezar, algunos episodios tomados de las obras de los primeros investigadores, con el fin de hacer resaltar si, desde el comienzo del movimiento espiritualista, se obtuvieron mensajes mediúmnicos en que la existencia y el mundo espiritual sean descritos en términos idénticos a los que se obtienen en el presente, o, ver si la mentalidad de los mediums estuviese entonces dominada por las concepciones tradicionales del paraíso o el infierno y, por consiguiente, poco preparada para recibir mensajes de difuntos afirmando que el medio espiritual es el medio terrestre espiritualizado.
PRIMER CASO
Extraigo este caso de una obra titulada. “Letters and Tracts on Espiritualism”, que contiene los artículos y las monografías publicadas por el judío Edmonds, de 1854 a 1874. Se sabe que Edmonds era un notable medium psicógrafo, parlante y vidente. Algunos meses después de la muerte accidental de su compadre, el judío Peckam, a quien él estimaba mucho, se dio el caso de que Edmonds escribiera un largo mensaje, en el cual su amigo muerto refería las circunstancias de su muerte. Los pasajes siguientes están sacados de dicho mensaje:
Si hubiese podido escoger la forma de
desencarnar, ciertamente no hubiese escogido la que el destino me impuso.
Aunque ahora en el presente no me quejo de lo que aconteció, dada la naturaleza
maravillosa de la nueva existencia que se abrió súbitamente delante de mí.
En el momento de la muerte,
reviví como en un panorama, los acontecimientos de toda mi existencia. Todas
las escenas, todas las acciones que yo hice pasaron delante de mi vista, como
si se hubiesen grabado en mi mente, en fórmulas luminosas. Ni uno solo de mis amigos,
desde la infancia hasta la muerte, faltó a la llamada. Cuando me hundí en el
mar, llevando en los brazos a mi mujer, se me aparecieron mi padre y mi madre,
y fue esta última la que me sacó del agua, haciendo muestra de una energía cuya
naturaleza solo ahora comprendo. No recuerdo haber sufrido. Cuando me sumergí
en las aguas, no experimenté sensación
alguna de miedo, ni siquiera de frío o de asfixia. No me acuerdo de oír el
estruendo de las olas quebrando sobre nuestras cabezas. Me desprendí del cuerpo
casi sin darme cuenta y, siempre abrazado a mi mujer, seguí a mi madre que
había venido para acogernos y guiarnos.
El primer sentimiento triste no me
asaltó hasta que no dirigí el pensamiento hacia mi querido hermano, por ello mi
madre, sintiendo mi inquietud, me anunció “Tu hermano tampoco tardará mucho en
estar con nosotros.” A partir de ese instante toda sensación de tristeza
desapareció de mi espíritu. Pensaba en la escena dramática, que acababa de
vivir, únicamente con el propósito de socorrer a mis compañeros de desgracia.
De inmediato vi que estaban saliendo de las aguas del mismo modo que yo lo
estaba. Todos los objetos me parecían tan reales a mí alrededor que, sino
hubiese sido por la presencia de tantas personas que sabía muertas, habría
corrido al lado de los náufragos.
Quise informarte de todo esto a fin
de que puedas transmitir una palabra de consuelo a los que imaginan que sus seres amados y que desaparecieron
conmigo sufrieron agonías terribles, al verse presas de la muerte. No tengo
palabras para describirte la felicidad que sentí cuando vi llegar a mi
encuentro, una a una, las personas que más amé en la Tierra acudiendo a darme
la bienvenida a las esferas inmortales. No habiendo estado enfermo y no
habiendo sufrido, fácil me fue adaptarme inmediatamente a las nuevas
condiciones de existencia...
Con esta última observación el Espíritu alude a una circunstancia que concuerda con las informaciones acumuladas, obtenidas sobre el mismo asunto, por gran número de otras entidades mediúmnicas, esto es, que solo en los casos excepcionales de muertes imprevistas, sin sufrimientos y combinadas con estados serenos del alma, es posible que el Espíritu atraviese la crisis de la desencarnación sin tener necesidad de quedar sometido a un período más o menos largo de sueño reparador. Al contrario, en los casos de muerte consecutiva a larga enfermedad, en edad avanzada, o con la inteligencia absorta en preocupaciones mundanas, u oprimida por el terror a la muerte, o, incluso firmemente convencido de su aniquilación, los Espíritus estarían sujetos a un período más o menos largo de inconsciencia.
Señalaré que estas observaciones ya se refieren a uno de esos “detalles secundarios” aludidos al principio y en los cuales apreciamos desacuerdos aparentes que, en realidad, se resumen en concordancias reguladas por una ley general, necesariamente manifestada de forma diferente, según la personalidad de los difuntos y las diversas condiciones espirituales al desencarnar.
Es necesario reparar además en el detalle interesante donde el muerto dice haber experimentado la visión panorámica de todos los acontecimientos de su existencia en el momento de morir. Se sabe que este fenómeno es familiar a los psicólogos; por haber sido referido muchas veces por supervivientes de naufragios. Ahora en el caso relatado por el judío Edmond, como en muchos otros casos del mismo género, asistimos al hecho importante de que un muerto afirme haber pasado, a su vez, por la experiencia de visión panorámica, del que tanto hablan los náufragos salvados de la muerte, esto se vuelve teóricamente importante, teniendo en cuenta que el judío Edmond no conocía la existencia de los fenómenos de esta especie, ignorados por los psicólogos de su época. Él, pues, no podría haberse sugestionado en ese sentido, lo que constituye una buena prueba a favor del origen, extraño al medium, del mensaje que se trata.
Indicaré finalmente que, en este episodio ocurrido en los primeros tiempos de las manifestaciones mediúmnicas, ya se observan muchos detalles fundamentales, concernientes a los procesos de desencarnación del Espíritu, los cuales serán después constantemente confirmados, en todas las revelaciones del mismo género. Así por ejemplo, el detalle de que el espíritu no percibe, o casi no percibe, que se separase del cuerpo y, todavía menos, que se encontrase en un medio espiritual. También el otro detalle de que el Espíritu se encuentra con forma humana y está rodeado de un medio terrestre, de pensar que se expresa de viva voz como antes, y percibir, como antes, las palabras de los demás. Señalemos todavía otro detalle: el de encontrar, el Espíritu desencarnado, al llegar al umbral de su nueva existencia, para acogerlo y guiarlo, a otros Espíritus de muertos, que son generalmente sus parientes más próximos, pero que también pueden ser sus más queridos amigos, o los “Espíritus-guías”.
Detalle fundamental también este que, como los otros, será confirmado por todas las revelaciones trascendentales sucesivas hasta nuestros días, salvo siempre circunstancias más o menos especiales de muertos moralmente inferiores o degradados, a los cuales la inexorable “ley de afinidad” (ley físico-química irresistible en su poder fatal de atracción entre semejantes) prepararía condiciones de acogida muy diferentes de las que se deparan a los Espíritus evolucionados.
SEGUNDO CASO
Extraigo este segundo hecho del volumen de Morgan: From Matter to Spirit (pg.149). La personalidad mediúmnica del Dr. Horace Abraham Ackley describe, en estos términos, la manera en que el Espíritu se separó de su organismo somático:
Como sucede a un gran número de humanos mi
espíritu no consiguió muy fácilmente liberarse de mi cuerpo. Yo sentía que me
desprendía gradualmente de los lazos orgánicos, pero me encontraba en
condiciones poco lúcidas de existencia, pareciéndome que soñaba. Sentía mi
personalidad como dividida en muchas partes que todavía permanecían unidas por
un lazo indisoluble... Cuando el organismo corpóreo dejó de funcionar, pudo el
espíritu despojarse de él enteramente. Me pareció entonces que las partes
separadas de mi personalidad se reunían en una sola. Me sentí al mismo tiempo
situado por encima de mi cadáver, a corta distancia de él, desde dónde yo veía
de modo diferente a las personas que se acercaban a mi cuerpo. No sabría decir
por qué poder llegué a desprenderme y a elevarme en el aire. Después de este
acontecimiento creo haber pasado un período bastante largo en un estado de
inconsciencia, o de sueño (lo que por otro lado ocurre frecuentemente aunque no
se dé en todos los casos); lo deduzco del hecho de que, cuando volví a ver mi
cuerpo, este estaba en avanzada descomposición.
Al
volver en mí, todos los acontecimientos de mi vida, desfilaron bajo mi
vista como en un panorama, eran visiones vivas, muy reales, en dimensiones
naturales, como si mi pasado se hubiese vuelto presente. Fue todo mi pasado a
la vez, incluido el último episodio, el de mi desencarnación. La visión pasó
delante de mí con tal rapidez, que casi no tuve tiempo de reflexionar,
hallándome como arrebatado por un torbellino de sensaciones. La visión
enseguida desapareció, con la misma rapidez con que se mostró, las meditaciones
sobre el pasado y el futuro me produjeron un vivo interés por las condiciones
actuales.
Yo había oído decir que los Espíritus
desencarnados eran acogidos en el mundo espiritual por sus parientes, o por sus
Espíritus – guías. Al no ver a nadie cerca de mí concluí que los espiritistas
estaban engañados. Pero, apenas este pensamiento atravesó mi mente, vi a
dos Espíritus que me eran desconocidos y hacia los cuales me sentí atraído por
un sentimiento de afinidad. Supe que habían sido hombres muy instruidos e
inteligentes pero que, como yo, no habían pensado desarrollar en sí mismos los
principios elevados de la espiritualidad. Me llamaron por mi nombre, sin
embargo yo no lo había pronunciado, y me acogieron con una familiaridad tan
benévola, que me sentí agradablemente reconfortado. Con ellos dejé el lugar
donde desencarné y en donde me hallaba hasta ese momento. Me pareció como una
nebulosa el paisaje que atravesé, pero dentro de esa semioscuridad, fui
conducido a un lugar donde vi reunidos numerosos Espíritus, entre los cuales había
muchos que yo había conocido en vida que habían muerto hacía ya algún
tiempo...”
Se observará que, en el último párrafo del episodio precedente, encontramos otro de los detalles secundarios habituales, que se diferencian más o menos en las descripciones de tantos espíritus que se comunican. Ese detalle justifica su razón de ser en las condiciones espirituales, poco evolucionadas, del difunto autor del mensaje. Generalmente, en las revelaciones trascendentales, se lee que los Espíritus de los muertos entran en un plano más o menos luminoso donde son acogidos por los Espíritus de sus parientes. Aquí se ve, al contrario, que el Espíritu comunicante se encontró en un medio brumoso, donde fue acogido amistosamente por dos Espíritus que le eran desconocidos, pero que guardaban afinidad con él, desde el punto de vista de las condiciones espirituales. Es fácil comprender que este aparente desacuerdo entre las primeras impresiones de ese Espíritu y otras mucho más frecuentes dependan de la circunstancia de que, como el mismo dice, descuidó en vida desarrollar en sí el elemento espiritual, y que los Espíritus que fueron a su encuentro también se encontraban en las mismas circunstancias. Por ello y por la ley de afinidad resultó que un medio de luz no se adaptaba a las condiciones transitorias, más oscuras, de sus espíritus.
Por otro lado se observa que también, en este caso, el Espíritu comunicante afirma haber experimentado la prueba de la “visión panorámica” de su pasado, fenómeno que, en vez de desarrollarse espontáneamente, como consecuencia de una hiperexcitación sui generis de las facultades mnemónicas (producida por la crisis de la agonía, dicen los psicólogos), parecería más bien producida por los “guías” espirituales, con la finalidad de predisponer al espíritu recién llegado a una especie de “examen de conciencia”. Esta interpretación del fenómeno se ve mucho más clara en algunos de los casos que siguen.
Diré, finalmente, que este caso, ocurrido en 1.857, ya contiene la narración de un incidente interesante de “bilocación” en el lecho de muerte, seguido del fenómeno consistente en la situación, durante algún tiempo, del Espíritu desencarnado por encima del cadáver. Frecuentes incidentes análogos se encontrarán en las comunicaciones de la misma naturaleza, con mucha frecuencia son sensitivos que, asistiendo a la muerte de alguien, los describirán siguiendo sus percepciones. Las obras espiritualistas están llenas de episodios de este género, comenzando por los que fueron descritos por el famoso vidente Andrew Jackson Davis y por el judío Edmond, y siguiendo por el Rev. William Stainton Moses y la gobernanta inglesa (enfermera diplomada) Mrs. Joy Snell, que asistió a la producción de tales fenómenos durante unos veinte años. ¿Quién no ve, ahora, la importancia de estas afirmaciones de videntes concordando de modo admirable con lo que narran los propios Espíritus? Y también, con relación a esta clase de incidentes, es muy común que el medium escribiente, o el sensitivo vidente, estuviesen en la más completa ignorancia de tales fenómenos y de la manera en que se producen en el lecho de muerte. Y como el caso que acaba de ocuparnos se remonta a 1857, o sea, a los comienzos de l movimiento espírita, todo contribuye a suponer que en esta circunstancia el medium y los asistentes ignoraban todo lo que concierne a los fenómenos de bilocación en general y, sobretodo, a la manera en cómo se dan en los moribundos.
TERCER
CASO
Reproduzco un último caso de fecha antigua, extraido del libro del Dr. Wolf: Satrling Facts in Moderm Spiritualism (Pg. 388). Jim Nolam, el “Espíritu-guía” del célebre medium Sr. Hollis, que dijo y demostró haber sido soldado en la Guerra de Secesión y haber muerto de tifus en un hospital militar, responde, como sigue, a las preguntas de un investigador:
P- ¿Qué impresión tuviste de tu primera entrada en
el mundo espiritual?
R- Me pareció que despertaba de un sueño, estaba un
poco aturdido, ya no me sentía enfermo y eso me extrañaba enormemente. Tenía la
vaga sospecha de que algo raro pasaba, pero no sabía definir de qué se trataba.
Mi cuerpo se encontraba tendido en el lecho de campaña y yo lo veía. Decía de mí
para mí: “¡Qué extraño fenómeno!”- Miré
alrededor, y vi a tres de mis camaradas, muertos en las trincheras en
Vicksburg, y, que yo mismo había enterrado. ¡Sin embargo allí estaban en mi
presencia! Miraban sonriendo. Entonces uno de los tres me saludó diciendo:
-Buenos días, Jim; ¿también tú eres de los nuestros?
-¿Soy de los vuestros? ¿Qué quieres decir?
-Pues que te encuentras aquí con nosotros, en el
mundo de los Espíritus. ¿No te diste cuenta de eso? Es un lugar donde se está
bien.
Estas palabras eran muy
fuertes para mí. Fui presa de violenta emoción y exclamé: “¡Dios mío! ¿Qué
dices? ¿Estoy muerto?”
- No; estás más vivo que nunca Jim; porque te
encuentras en el mundo de los Espíritus. Para convencerte no tienes más que
mirar tu cuerpo.
En efecto, mi cuerpo yacía inanimado,
delante de mí, sobre la tarima, ¿Cómo, pues, podía negar el hecho?
Poco después llegaron dos hombres que
colocaron mi cadáver en una plancha de madera y lo transportaron hasta un
carro, allí lo metieron, subieron a él y se fueron. Acompañé el carro, que se
paró al borde de una fosa, donde mi cadáver fue enterrado y abandonado. Yo fui
el único asistente a mi entierro.
P- ¿Cuáles fueron las sensaciones que experimentaste
en la crisis de la muerte?
R- Las que se experimentan cuando el sueño te
domina, pero acordándote de algunas ideas que hubieses tenido antes. La gente
normalmente no recuerda el momento exacto en que se abandonó al sueño. Eso pasa
también cuando acontece la muerte. Pero, un poco antes de la crisis fatal, mi
mente se volvió muy activa; me acordé súbitamente de todos los acontecimientos
de mi vida; vi y oí todo lo que había hecho, dicho, pensado, todas las cosas a
las que estuviera asociado, me acordé de los juegos y de las bromas del campo
militar; los disfruté como de cuando ellos participaba.
P- ¿Cuéntanos cómo fueron tus primeras impresiones
en el mundo espiritual?
R- Os decía que mis buenos amigos soldados ya no me
abandonaron, desde que desencarné hasta que hice mi entrada en el mundo
espiritual; aquí tenía yo abuelos, hermanos y hermanas, que, sin embargo, no
vinieron a recibirme. Al entrar en el mundo espiritual me parecía caminar sobre
un terreno sólido y vi que a mi encuentro venía una vieja, que me dirigió la
palabra así: - “Jim, entonces viniste para donde estábamos?”- La miré
atentamente y exclamé: “Oh abuelita,
eres tú?”- “Soy yo misma, querido Jim. Ven conmigo.”- Y me llevó lejos de allí,
a su morada. Al llegar a ella me dijo que era necesario que reposase y
durmiese. Me acosté y dormí largamente...
P- ¿La morada de la que hablas tenía el aspecto de
una casa?
R- Por supuesto. En el mundo de los Espíritus hay la
fuerza del pensamiento, por medio de la cual se pueden crear todas las comodidades
deseables.
Esta última información que, en el caso de que tratamos se remonta a setenta años atrás, no es más que uno de los detalles fundamentales en cuyo aspecto todos los Espíritus están de acuerdo; es también la llave maestra que permite explicar, resolver, justificar todas las informaciones y descripciones aparentemente absurdas, increíbles, ridículas, dadas por los Espíritus que se comunican, a propósito de la vida espiritual. En otras obras que he publicado ya me extendí largamente sobre este tema tan importante; me limitaré, en esta, a tocarlo solo en la medida de lo estrictamente necesario.
La gran verdad, que nos fue revelada por los Espíritus, permite resolver una inmensidad de cuestiones teóricas y oscuras, determinadas por los informes que han dado las entidades mediúmnicas acerca del medio espiritual, las formas que revisten los Espíritus, las modalidades de sus existencias; todas las informaciones constituyen una réplica exacta, aunque espiritualizada, del medio terrestre, de la humanidad, de las variedades de existencia en este mundo. Esa gran verdad que resuelve todos los enigmas teóricos y que se funda en el poder creador del pensamiento, es confirmada de modo impresionante por hechos que se desarrollan incluso en el medio terrestre. Se trata de lo siguiente: el pensamiento y la voluntad, también en la existencia encarnada, son susceptibles de crear y de objetivar las formas concretas de las cosas pensadas y deseadas, de igual manera que este fenómeno se desarrolla en el mundo espiritual, aunque en el medio terrestre esta creación no puede darse sin el intermedio de sensitivos especiales. Aludo a los fenómenos de “fotografías del pensamiento” o de “ideoplastia”, fenómenos maravillosos a los que consagré recientemente un largo estudio que demostraba su realidad incuestionable y su desarrollo prodigioso.
Vemos que, ya en el mundo de los vivos, el pensamiento y la voluntad manifiestan el poder de objetivarse y concretizarse en una forma más o menos substancial y permanente, aunque, en la existencia encarnada esto se produce sin objetivo y únicamente gracias al concurso de sensitivos con condiciones fisiológicas más o menos anormales, correspondiendo a estados más o menos avanzados de desencarnación parcial del espíritu (exteriorzación de la conciencia). Siendo así, podemos concluir que cuando la desencarnación del Espíritu no estuviese apenas en el inicio y no fuese transitoria, sino total y definitiva, solo entonces será cuando las facultades a las que nos referimos se manifestarán por completo y, ahí si, de modo normal, práctico y útil. Es precisamente esto lo que afirman las entidades mediúmnicas que se comunican. Cumple por tanto que se reconozca que las “revelaciones trascendentales”, concernientes a la modalidad de existencia espiritual confirman, a priori, como consecuencia del descubrimiento de que el pensamiento y la voluntad son fuerzas que poseen el poder maravilloso de modelar y organizar. Facultades que todavía no se muestran, sino de manera esporádica y sin objetivo, en el medio terrestre.
Dos palabras más en torno a otra circunstancia, la de que las entidades mediúmnicas afirmaron que esas condiciones de existencia espiritual son transitorias y tienen que ver, exclusivamente, con la esfera más próxima a la Tierra, esto es, con la que se destina a los Espíritus recién llegados.
Esta circunstancia no sirve solo para justificar enteramente aquellas condiciones de existencia; prueba también la razón de ser providencial de tales condiciones. Imagínense si no la sensación de desolación y de desorientación que experimentarían la mayor parte de los muertos si, después del instante de la muerte, se viesen bruscamente despojados de forma humana y lanzados a un medio espiritual esencialmente diferente de aquel donde formaron su individualidad, al cual, todavía se sienten unidos por una delicada trama de sentimientos afectivos, de pasiones, de aspiraciones, que no podrían romperse de inmediato, sin llevarlos a la desesperación, y donde, sobre todo, se encuentra el medio doméstico que les es propio, constituido por un mundo de satisfacciones temporales, de todas clases, que contribuye a crear lo que se llama “la alegría de vivir”. Evaluando todo esto reconoceremos lo racional y providencial de un ciclo de existencia preparatoria entre la existencia encarnada y la de “puro Espíritu”, de manera a reconciliar la naturaleza demasiado terrestre del Espíritu desencarnado, con la naturaleza más trascendental de la existencia espiritual propiamente dicha.
El poder creador del pensamiento sería estupendo para obviar maravillosamente este inconveniente. El Espíritu, pensando en su forma humana, se encontraría de nuevo en forma humana; pensando en estar vestido, se encontraría con ropas, que, siendo tan etéreas como su nuevo cuerpo, le parecerían tan substanciales como los vestidos terrenos. Es así como el Espíritu encontraría nuevamente, en el mundo espiritual, un medio y una morada correspondientes a sus hábitos terrestres, morada que sería preparada por sus familiares, integrados antes que ellos a la existencia espiritual. Como se ha podido ver, en el caso que acabo de referir, es la abuela del difunto la encargada de conducir al nieto a la casa que lo había de recibir. A este respecto debemos constatar que, cuando el Espíritu “Jim Nolam cuenta haber visto una vieja que venía a su encuentro, fuera preciso sobreentender que la abuela revistiese temporalmente su antigua forma terrena para ser reconocida.
Debo pararme aquí; para no extenderme demasiado en los comentarios sobre este caso; los puntos oscuros que queden sin solución en las consideraciones precedentes serán retomados en lo sucesivo, a medida que los siguientes casos ofrezcan la ocasión.
Con relación al incidente de la “visión panorámica” que el Espíritu “Jim Nolam” relata, observaré que, esta vez, el fenómeno se desarrolló bajo la forma de “recapitulación de recuerdos”, en lugar de “visión panorámica” propiamente dicha. Esto podría explicarse desde el punto de vista psicológico estableciendo que el muerto, en vez de pertenecer, siguiendo el lenguaje de la Psicología, al “tipo visual”, pertenecía al “auditivo-mental”.
CUARTO
CASO
Pasemos ahora a casos más recientes, comenzaré por un hecho sacado de la obra de Mrs. Jessie Platts: The Witness. Se trata de una recopilación de comunicaciones mediúmnicas muy interesantes, obtenidas gracias a la mediumnidad de la propia Mrs. J. Platts, viuda del Tev. Charles Platts, que tuvo la desgracia de perder a sus dos hijos en la Gran Guerra. Las comunicaciones publicadas provienen del hijo más joven: Tiny, chico de dieciocho años apenas, muerto cuando combatía en el frente francés, en Abril de 1917 y que se comunicó psicograficamente, gracias a la mediumnidad improvisada de su madre, al año siguiente, cuando la guerra continuaba más terrible que nunca. Aportó pruebas directas e indirectas de su identidad personal. Las directas consistían en esto: anunciaba a su madre la entrada en el mundo espiritual de otros Espíritus de militares muertos en combate en aquel momento; a los pocos días llegaban, efectivamente, noticias oficiales de la muerte de esos mismos combatientes. Él informó a su madre de que servía de simple instrumento transmisor de las informaciones que le confiaba un Espíritu misionero, el cual, cuando vivo, fue un eclesiástico de nombre Padre Hilario. Mrs. Platts que ignoraba la existencia de ese personaje, llegó a verificarlo documentalmente.
Dicho esto, con la finalidad de poner de manifiesto el valor de estos mensajes en cuestión, paso a referir el pasaje que comprende la llegada del hijo de la Sra. Platts al plano espiritual. He aquí lo que ella escribió:
Los seres que viven en el medio terrestre
tienen mucho que aprender acerca del estado que les espera después de la
muerte; quiero decir del instante en que el Espíritu se despega del organismo
corporal. Me ha sido permitido hablarte de eso brevemente en este mensaje.
Comienzo por decir que no habrá dos Espíritus desencarnados que tengan que
pasar por la misma experiencia al respecto. Sin embargo estas variadas
experiencias representan una circunstancia común: la de que los Espíritus
creen, en un principio, estar todavía entre los vivos y, los que atravesaron
una agonía de sufrimientos, quedan
profundamente sorprendidos de encontrarse curados de repente. Tal es la alegría
experimentada que puede ser esta la impresión más fuerte que sucede a la crisis
de la muerte. Cuando morí, o, más exactamente, cuando mi cuerpo murió, me sentí
más vivo que nunca y esperaba recibir orden para un nuevo paso al frente. (Al
ser herido por el proyectil que me mató, estábamos separados de nuestro
regimiento e intentábamos con grandes precauciones ponernos de nuevo en
contacto con él.)
Algunas veces los Espíritus desencarnados,
al encontrarse solos en un medio desconocido experimentan gran pavor; pero, eso
solo se da con los que en vida fueron profundamente egoístas y nunca dirigieron
sus pensamientos hacia Dios. Aún y todo, llegado el momento, esos Espíritus son
ayudados y animados por sus Espíritus-guías, pero les es necesario,
primeramente, adquirir una espiritualidad suficiente para encontrarse en condiciones de percibir a los
Espíritus-guías.
Casi todos los desencarnados pasan por un
período de sueño reparador, que puede durar semanas o meses; esto depende de
las circunstancias en que murieron. En mi caso fui muerto de manera fulminante,
no sufrí, no pasé por enfermedades agotadoras; a pesar de eso, sin embargo,
estuve sumergido en el sueño durante cerca de una semana, debido a que al haber
sido una muerte súbita, mi cuerpo
fluídico fue bruscamente arrancado del “cuerpo somático” produciéndome un
contragolpe sensible en el primero.
Cuando, entre los Espíritus recién llegados,
hay los que se encuentran ligados por vivos afectos a otros espíritus
desencarnados algún tiempo antes, estos últimos le salen al encuentro antes de
que pasen por la fase de sueño reparador. No se puede imaginar ventura mejor
que la de esos encuentros en el mundo espiritual, después de largas
separaciones que parecían definitivas. Aunque saben que tendrán que separarse
todavía por cierto tiempo, no lo lamentan ante la evidencia de saber que estas
separaciones ya no serán como las anteriores. Y, cuando los Espíritus recién
llegados despiertan del sueño, sus guías intervienen para informarlos del
adiestramiento espiritual que para cada uno está reservado.
La narración que precede es especialmente interesante porque resume en dos páginas las modalidades esenciales en que normalmente se desarrolla la crisis de la muerte, para la gran mayoría de los vivos que desencarnan en condiciones muy evolucionadas o muy degradadas de espiritualidad.
Señalaré la concordancia habitual relativa al detalle fundamental de los Espíritus desencarnados que no saben que han muerto, concordancia que se renueva invariablemente (salvo excepciones confirmando la regla) desde el despuntar del movimiento espiritista y que es teóricamente muy notable dada su singularidad, que excluye la hipótesis de los “mensajes subliminales”. En efecto, no se puede admitir que una personalidad subconsciente, derivación absoluta del consciente, forje informaciones que contrasten completamente con lo que a ese respecto afluye a la conciencia normal. No se podría admitir tampoco que centenares de personalidades mistificadoras se hayan puesto de acuerdo para inventar, de esta manera, las mismas informaciones fantásticas, contrarias a la razón humana. Ya que se obtienen mediúmnicamente, tantos detalles concordantes, acerca de circunstancias inverosímiles para la mentalidad de un vivo, y, además siendo que estos detalles son obtenidos por el intermedio de sensitivos que no podrían imaginarlos conscientemente y que ignoraban que revelaciones análogas habían sido consignadas por otros experimentadores, lógicamente se debe inferir de ahí que solo una explicación puede existir para el hecho:
La de que los detalles suministrados por las entidades espirituales concuerdan entre sí, porque provienen de una causa única: la observación directa. En otros términos: si todas las personalidades mediúmnicas describen las mismas condiciones del mundo espiritual, con los mismos detalles fundamentales o secundarios, y con los mismos relieves de fondo, eso demuestra que las condiciones del medio así descritas son auténticamente espirituales, al mismo tiempo que objetivas, permanentes, reales, absolutamente reales.
Otro detalle fundamental, enteramente concordante en todas las “revelaciones trascendentales” es el que se refiere a las fase del sueño reparador, a la cual estarían sujetos todos los Espíritus recién llegados al mundo espiritual. Todas concuerdan, hasta en las indicaciones de las causas que justificarían lo adecuado de este reposo absoluto del Espíritu.
Indicaré también que las revelaciones concuerdan todas, admirablemente, en otro detalle secundario, contenido en ese mismo mensaje y, precisamente, en el trecho donde se alude al aislamiento que encuentran los Espíritus cuyas existencias terrenas se mostraron profundamente egoístas, aislamiento determinado por la imperfección, en ellos, de las facultades de percepción espiritual, imperfección que sería una consecuencia inevitable del estado rudimentario de su espiritualidad. Se debe deducir que este aislamiento tendría su fin cuando el Espíritu haya adquirido unas condiciones espirituales suficientes para percibir la presencia de los Espíritus-guías. Este incidente suministrado en el mensaje que nos ocupa, es teóricamente importante, pues concuerda con todas las enseñanzas aportadas al respecto por numerosas personalidades mediúmnicas, que nos enseñan que los Espíritus inferiores no pueden percibir a los de jerarquías superiores. Repito que las concordancias referentes a los detalles secundarios son siempre teóricamente y progresivamente más importantes a medida que los detalles parecen de naturaleza más vulgar o más extraña. Son esos detalles que provocan la mayor sorpresa en el investigador que compara las diversas recopilaciones de “revelaciones trascendentales”.
Finalmente importa no olvidar la primera afirmación del Espíritu origen de este mensaje, y de perfecto acuerdo con otros, esto es... que no hay dos personalidades espirituales que vayan a atravesar las mismas experiencias después de la crisis de la muerte. Esta afirmación es absolutamente racional. En efecto, si en el mundo de los vivos no puede haber dos individualidades que piensen absolutamente de la misma manera; si por la “ley de la afinidad” todo Espíritu gravita en el plano espiritual que le es propio; y si el pensamiento de cada Espíritu crea su medio objetivo y subjetivo. Es cierto, que no puede haber dos personalidades desencarnadas que deban pasar por las mismas vicisitudes espirituales. De ahí resulta que esta enseñanza explica perfectamente muchas pretendidas contradicciones de las “revelaciones trascendentales”, que deben atribuirse a la variedad infinita de los temperamentos individuales combinados con los diferentes grados de evolución alcanzados en el medio terrestre por cada personalidad humana.
Termino recordando que Mrs. Jessie Platts fue llevada a reflexionar sobre las investigaciones mediúmnicas, y a intentar escribir automáticamente por la muerte de sus dos hijos en la guerra. Ella, por lo tanto, poco conocía de la doctrina espírita y todo lo ignoraba del contenido de las otras colecciones de “revelaciones trascendentales”.
QUINTO CASO
La narración siguiente está sacada de una preciosa recopilación de “revelaciones trascendentales” intitulada: The Morrow of Death by “Amicus”, surgida de la mediumnidad de un particular, el Sr. Ernest H. Peckam. La entidad que se comunicaba designada aquí por el seudónimo de “Amicus”, conforme al deseo expreso de la misma, fue en vida el Rev. A.K. Stokwell, muerto hacía más de cuarenta años antes.
Después de dar pruebas suficientes de identificación personal se consagró enteramente a su misión, que consistía en transmitir a los vivos enseñanzas como las que aquí nos ocupan y que forman una exposición admirable, aunque sumaria, de las modalidades de existencia espiritual. Relata de la manera siguiente sus primeras impresiones al respecto.
Cuando me hallaba en el mundo de los vivos,
jamás llegué a concebir la existencia de ultratumba. Tenía sobre eso ideas
confusas o inciertas que giraban en torno a las concepciones habituales de un
“paraíso” reservado a los que conseguían “salvarse” y de un “infierno” listo
para tragarse a los “malos”. En mi tiempo, generalmente se ignoraba la
posibilidad de comunicación con los Espíritus de los muertos. No había, pues,
más que construir teorías y tener fe en Dios. Era la fe lo que yo tenía.
En estas condiciones es inútil decirte
que, cuando me encontré en el mundo espiritual, quedé profundamente admirado
frente a la realidad. Me vi acogido, reconfortado y ayudado por personas que yo
conocí en la Tierra y que me
precedieron en el gran viaje. Pero, lo que constituyó para mi la alegría
de aquella hora fue el encontrarme con mi querida compañera de toda mi
existencia, la cual de inmediato se dedicó a prodigarme, en el medio
espiritual, las delicadas atenciones y las ternuras afectuosas que me
dispensaba en el medio terrestre. Mis primeros pasos en la morada celeste
fueron vigilados por esa afectuosa guía. Puedo afirmar que mi primera impresión
en el mundo espiritual fue la prueba de que la estima y la devoción de mi
compañera no habían disminuido por consecuencia de la muerte, ya que se
renovaron para mí con toda la conmovedora espontaneidad que las caracterizaba
en el medio terrestre. Yo sentía que efectivamente había vuelto la dulce vida
familiar del período más dichoso de mi existencia; aunque, esta vez gozaba más
la felicidad por causa de la alegría suprema de la reunión celeste, después de
la larga separación terrena.
Observaré a ese respecto que la narración de
lo que experimenté no es más que un episodio normal experimentado por toda la
gente en el medio espiritual; la muerte no puede eliminar el afecto, ni impedir
la reunión de dos almas que se amaron en la Tierra. Naturalmente nuestro afecto
recíproco tenía por fundamento muchas cualidades espirituales comunes a ambos.
No obstante, en estos últimos tiempos, el camino que conduce a nuestra
elevación espiritual se bifurcó; ambos, no obstante, nos sentimos dichosos de
que sea así.
Uno de los primeros descubrimientos que
hice después de mi muerte fue el de mí mismo. Mi verdadera individualidad se
desarrolló ante mis ojos en toda la crudeza de sus colores, revelación esta que
no fue precisamente halagadora.
El proceso de la muerte física y del
renacimiento espiritual es muy interesante e incluso bello. Normalmente a
partir del instante en que las funciones corporales comienzan a cesar, proceso
que puede durar bastante tiempo, los sufrimientos del cuerpo y las ansiedades
del Espíritu paran y van pasando gradualmente a condiciones de inconsciencia
absoluta. Más tarde, una vez traspasada la crisis de la muerte, se opera el
pleno despertar de la conciencia; el muerto renace entonces hacia una nueva
existencia y comienza a desarrollar su actividad en un medio nuevo. Siempre pasa que, providencialmente,
el Espíritu desencarnado no se percibe de que muere; a veces cuando lo nota
queda terriblemente trastornado, especialmente si la muerte cortó lazos
afectivos muy fuertes. Pero no llega al medio espiritual desamparado; casi nuca
se queda entregado a sí mismo; todos los Espíritus, casi sin excepción, al
salir de la crisis de la muerte son acogidos por los guías más indicados para
reconfortarlos, aconsejarlos y asistirlos.
¿Dónde va a encontrarse el Espíritu recién nacido? He aquí la respuesta:
entró en el estado de conciencia único posible según
sus condiciones morales, intelectuales, espirituales. El medio que lo recibe
está determinado por el grado de espiritualidad en el que se encuentra. A
través de la muerte gana la morada espiritual que preparó para sí mismo; no
puede ir a ninguna otra parte. Son sus calificaciones espirituales que lo hacen
gravitar, con una precisión infalible, hacia las condiciones de existencia que
corresponden matemáticamente a sus méritos y desmerecimientos. La gran “ley de
afinidad” regula este proceso inexorable. El hombre, después de la muerte, va
para el lugar que para sí mismo preparó; no podría ser de otro modo. Se une a
los que se le parecen; gravita hacia las legiones espirituales entre las que se
encontrará enteramente a gusto, como en su propio medio, como en su casa. Su
futura morada está en el círculo de su alma; sus compañeros espirituales son
los seres semejantes. En otros términos; el Espíritu desencarnado por efecto de
la ley bienhechora y justa de la “afinidad”, gracias a la cual “cada uno atrae
a su semejante”, gravita para el único medio que se adapta a sus condiciones
evolutivas, a su elevación moral, a su cultura intelectual. Conforme él mismo
las creó por su actividad terrestre. Va a donde forzosamente tiene que ir.
Ahora estará bien que te diga dos palabras
acerca de la naturaleza de la substancia empleada para las construcciones, o
creaciones, en el medio espiritual, así como sobre los métodos usados. Nuestro
mundo es el del pensamiento; todo lo que en él se mueve, toca y usa es una
creación del pensamiento. Nuestro cuerpo espiritual es una creación substancial
del pensamiento; y de nuestro propio cuerpo que, sin ningún prejuicio para
nuestra individualidad, exteriorizamos, lo que nos es necesario para el
ejercicio de la actividad objetiva. Alrededor toman forma las creaciones del
pensamiento, fundidas y armonizadas con las creaciones pensadas por los otros.
Entre esas creaciones algunas son exteriorizaciones inconscientes del
pensamiento espiritual; otras provienen de la fuerza creadora del pensamiento
guiado por la voluntad para fines determinados. Somos seres construidos de
pensamientos, existiendo en un mundo creado por el pensamiento. Naturalmente
los que habitan en el mundo terrestre, tan radicalmente diferente al nuestro,
tienen dificultad para comprender, e incluso para creer en estas revelaciones.
Pero te afirmo que los procesos funcionales que acabo de mencionar son muy
simples, muy naturales y extraordinariamente eficaces... Estas enseñanzas
espirituales que ahora apenas comenzamos a dar a los vivos constituyen una de
las muchas cosas a cuyo respecto Jesús, el Nazareno, afirmó que “aquella
generación y aquella época no estaban maduras para recibirlas.”
A propósito del interesante mensaje que acabamos de leer y apoyando la tesis fundamental que sustento, importa insistir sobre el hecho de que encontramos en él las habituales e infalibles concordancias, relativas a gran número de detalles fundamentales, concernientes a las modalidades de existencia espiritual, a saber: la información de que los Espíritus de los muertos, salvo algunas raras excepciones, son acogidos y reconfortados por familiares y amigos que los precedieron en el medio espiritual; en ese momento el Espíritu ya debe haber pasado por la prueba de la “visión panorámica” de todos los acontecimientos de su vida; la información de los Espíritus recién llegados, que no se han dado cuenta de que ya murieron; la información sobre la facultad de modelar y organizar propia del pensamiento en el medio espiritual; en fin, la información sobre la “ley de afinidad”, que regula inexorablemente los destinos humanos, sin la intervención de un Juez Supremo para condenar o absolver al Espíritu desencarnado.
Entre los detalles secundarios que todavía no tuve ocasión de comentar, señalemos el del Espíritu cuando dice que a pesar del vivo afecto que le una al Espíritu de su compañera, llegó para ellos el momento en el cual “el camino que nos conducía a la elevación espiritual se ha bifurcado” pero que sin embargo, ambos se sentían dichosos al separarse. Este detalle concordante con otro análogo, referido en el episodio 4º, es teóricamente importante porque se presenta de forma inesperada, permitiendo admitir que la circunstancia de ser relatado por muchos mediums pueda ser atribuida a “coincidencias fortuitas”. Observaré que algunos de los Espíritus que lo han relatado han puesto atención en completarlo, diciendo que, si los Espíritus ligados por mutuo afecto se separan sin ningún pesar, esto se debe a dos razones: primero porque saben que la separación es necesaria a su recíproca elevación espiritual , diversamente orientada para cada entidad espiritual según la naturaleza de su individualidad humana;
Y segundo porque los Espíritus ligados por el afecto saben que siempre que deseen verse, no necesitan más que manifestar la voluntad con el pensamiento para estar instantáneamente juntos.
SEXTO
CASO
Extraigo el siguiente mensaje de un precioso librito de revelaciones trascendentales, fruto de la mediumnidad de la Sra. E.B.Duffey, titulado: Heaven Revised. Su valor puede deducirse del siguiente hecho: durante algunos años la obra alcanzó su 10ª edición y fue recientemente publicada de forma popular, con enorme tirada y a precio reducido. La Sra. Duffey, muy culta, tornose medium escribiente y escribió estos mensajes cuando hacía poco tiempo que andaba interesada en las investigaciones mediúmnicas, por consiguiente todavía no había leído, o muy poco, sobre doctrinas espíritas. Conviene insistir en este punto ya que, en la presente monografía, solo me ocupo de las fases iniciales de la vida de ultratumba, y no me será posible hacer resaltar eficazmente el gran valor de la circunstancia de ser numerosos los mediums que, como la Sra. Duffey, escribieron sus mensajes justo acabando de iniciarse en las nuevas investigaciones, e incluso cuando todavía todo ignoraban sobre el asunto. Efectivamente entre los mediums autores de mensajes trascendentales concordantes con otros, encontramos algunos cuya mediumnidad se reveló al probar a escribir automáticamente, en obediencia al consejo de terceras personas. Todo nos lleva lógicamente a deducir que, si también los mediums improvisados, aún ignorándolo todo, escriben mensajes que concuerdan admirablemente con otros, en lo tocante a la descripción de los detalles fundamentales, de los secundarios, de los relieves substanciales del medio y de la existencia espirituales, no se puede explicar el hecho, sin que se reconozca que todo eso se produce porque las personalidades que se comunican son efectivamente Espíritus de los muertos y que, por tanto, sacan sus descripciones e informes de un medio real, permanente, objetivo, común a todos.
Aquí está como la Sra.
Duffey describe la manera cómo obtuvo los mensajes publicados:
Si,
yo hubiese escrito al dictado, no hubiese podido conocer menos de que
conocía mi mano al escribir. Por otro lado, es cierto que no asimilaba
subconscientemente los mensajes que escribí, ya que todavía escasamente había
oído hablar de esas cuestiones y todavía menos había leído al respecto. Me
había convertido a las nuevas ideas apenas hacía un año; muchas veces cuando
leía lo que acababa de escribir, confusa me sentía y perpleja, temiendo que lo
que había escrito no estuviese de acuerdo con las doctrinas espíritas. Este
sentimiento de confusión se volvió particularmente fuerte a propósito del
capítulo titulado “En el abismo”. Durante todo el tiempo en que me fueron
dictados los mensajes (cerca de cuatro meses), viví en un estado permanente de
sueño. Nada de lo que me rodeaba o acontecía me parecía real, incluso las
preocupaciones de naturaleza material, que me asaltaron en esa época, no tenían
el poder de aflijirme. Me sentía como bajo la influencia de un poderoso
anestésico moral. Fue un sábado por la tarde cuando acabaron de dictarme los
mensajes. En la noche del domingo di un breve discurso en nuestra Sociedad
Espiritualista. El lunes por la mañana desperté por primera vez en la plena
posesión de mi personalidad normal. Recuperé entonces la capacidad de actuar
con la eficacia acostumbrada en la vida práctica de cada día.”
Estas informaciones de la Sra. Duffey son teóricamente interesantes, porque demuestran que, durante todo el tiempo en que fueron escritas sus comunicaciones trascendentales, la medium permaneció en condiciones de “sonambulismo en estado de vigilia”, como acontecía en circunstancias análogas al célebre vidente americano Anfrew Jackson Davis. En otros términos; esto probaría que el órgano cerebral del medium fue sometido, durante todo aquel período de tiempo, a una disciplina de posesión parcial, ejercida por la entidad comunicante. Como si esta se propusiera eliminar manifiestamente el peligro de emergencia esporádica de interferencias subconscientes, que hubieran podido intercalarse en los mensajes. Interferencias que solo muy difícilmente se pudieran evitar si la medium, entre dos mensajes, se sumergiese en sus preocupaciones de la vida cotidiana.
Si tenemos en cuenta esta sugestiva circunstancia junto a la de que la medium todo lo ignora de las doctrinas espíritas, hemos de convenir en que, en este caso, somos conducidos a admitir un origen extraño al medium de las revelaciones trascendentales obtenidas. Siendo así, estas conclusiones deberán extenderse al conjunto de las revelaciones trascendentales, ya que los mensajes de la Sra. Duffey, concuerdan admirablemente con los contenidos de todas las otras revelaciones de esta especie. Está fuera de duda que la lógica más rigurosa permitiría concluir en el sentido indicado, aun cuando no hubiese más que un caso análogo al precedente..
De hecho, en el caso que nos ocupa, no se trata de simples concordancias acerca de informaciones banales, que pudieran ser atribuidas a “coincidencias fortuitas”; se trata, al contrario, de un conjunto orgánico muy complicado de concordancias muy diferentes, grandes y pequeñas, frecuentemente extrañas e inesperadas, en contraste con las tradiciones religiosas asimiladas en el curso de la infancia y de la adolescencia por toda la humanidad cristiana.
Después de este preámbulo extenso, pero necesario, paso a reproducir algunas páginas de la narración dictada por la entidad comunicante y referente al proceso de su desencarnación. Esa personalidad, en el curso de su existencia terrestre, fue una señora conocida por la medium. Era una mujer distinguida y tenía un espíritu cultivado, cuyas opiniones fueron durante largo tiempo, las de una libre-pensadora, en materia de religión, pero que se tornó espírita convencida en los últimos años de su vida. He aquí lo que ella escribe, hablando de sí misma:
Yo sabía que iba a morir, pero no temía a la muerte, no temía a esa
idea. Hacía mucho tiempo que los terrores de la ortodoxia habían perdido toda
eficacia sobre mi alma; me sentía preparada para afrontar la inevitable crisis
con una serenidad filosófica. Añadiré incluso que había alguna cosa de más en
mi estado de alma, esta era que me disponía a observar y analizar, con el
interés de una investigadora, la lenta aproximación del gran momento. No quería
perder esa suprema ocasión de adquirir conocimientos psicológicos que hubiesen
escapado a las investigaciones de la ciencia. Me conservé, pues, como
espectadora impasible de los lentos progresos de mi agonía, esperando poder
comunicar más tarde, a los asistentes, mis observaciones y prestar así un
último servicio a la humanidad; el de disipar el terror que la hora fatal
produce en toda la gente.
Parecía que el medio terrestre se alejaba a
mi alrededor; sentía como fluctuaba fuera del cuerpo, en un desconocido modo de
existencia. No se dio conmigo nada de lo que yo esperaba experimentar durante
la crisis de la muerte. Así, por ejemplo, leí descripciones interesantes sobre
una especie de “epílogo de la muerte”, que naciera de la mentalidad de los
moribundos, como consecuencia del cual
todos los acontecimientos de sus vidas pasarían delante de la visión
subjetiva. Nada se verificó en mi caso; no me sentía atraída ni por el pasado
ni por el futuro. Un solo pensamiento y un solo sentimiento me dominaban la
conciencia: los de las personas que yo amaba y de las cuales me iba a separar.
Sin embargo jamás me consideré una
mujer excesivamente tierna; llevaba mi razón a dominar todos los impulsos y
todas las emociones. Juzgo hasta que ese dominio de mí misma ejerció muy
favorable acción sobre el rendimiento eficaz de las actividades en mi vida. Con
todo, en esa hora suprema, el afecto me pareció la cimbre ya la substancia de
todo lo que hay de apreciable en la existencia.
Ese estado de vigilia atenta sobre la aproximación de la muerte acabó
por agotarme y, poco a poco, una suave somnolencia me invadió. Era tan suave,
de tal modo me descansaba que, en el transcurso de ese período de semi-inconsciencia
que precede al estado de inconsciencia total, di en reflexionar sobre el hecho
de que en mi existencia solo dos veces había sentido sensación análoga de
somnolencia deliciosa...
Desperté, experimentando casi un sentimiento de remordimiento, como
ocurre cuando alguien se apercibe de haber dormido demasiado, por encima de las
conveniencias sociales. Ese despertar me pareció todavía más dulce que el
anterior al sueño. No intentaba abrir los ojos, permanecía gozando aquella sensación
placentera y serena, que en vano deseé tantas veces, en el correr de mi
existencia tan llena de pruebas. ¡Qué delicioso era! ¡Qué perfecto era aquel
sentimiento de Paz! ¡Oh, si él pudiese durar eternamente! De todas maneras me
sentía bien; lo que me demostraba que, a final de cuentos, todavía no estaba a
punto de morir. ¿Tendría entonces que someterme de nuevo a la antigua
servidumbre, conocer otra vez el aburrimiento y la inquietud de la existencia?
De pronto, oí algunas personas que conversaban a media voz en el cuarto
de al lado. Oyendo nítidamente por la puerta abierta lo que decían, no lograba
coger el sentido de la conversación en que se hallaban empeñadas. Pero,
despertando más, llegué a percibir un dicho que me llamó la atención, si bien
no llegué a darle demasiada importancia. Esta es la frase en cuestión.
-“No dudo que lo hiciese con
buena intención; de hecho ella era tan excéntrica!”
La otra voz respondió: -“Sí, muy excéntrica y también obstinada en sus
caprichos.”
La primera replicó: -“Fue muy tocada por la infelicidad, pero es justo
decir que ella misma causó, casi siempre, sus infortunios. Esto es lo que pasa
las más de las veces.”
-“Sin duda por ejemplo se perfectamente...”
Y siguió la narración grotescamente desfigurada de algunos incidentes de
mi vida.
Estaba sorprendida: hablaban de mí y hablaban empleando el verbo en el
Imperfecto: “Ella era...” ¿Qué querían
decir? ¿Me creían muerta? Me vino la
idea de que aquellas personas podrían pensar más tarde que yo fingía estar
muerta para oírles la conversación confidencial a mi respecto. Me apresuré por
ello a llamar a una de mis amigas, para demostrarle que todavía estaba viva y
además me sentía mucho mejor... Ellas, sin embargo, no se daban cuenta de mi
llamada y continuaron conversando sin interrumpirse. Llamé de nuevo, en voz
alta, siempre en vano. Me sentía tan bien de cuerpo y espíritu que me decidí a
parar sus imprudentes apreciaciones, presentándome delante de ellas en el otro
cuarto... Pero...¿Qué pasaba? Quedé instantáneamente presa del terror, o de
algo semejante.¿ Qué maniquí era ese colocado por alguien en mi cama, donde,
sin embargo, yo debería estar muy gravemente enferma, yaciendo rígido en mi
lugar y con el rostro lívido, absolutamente idéntico a un cadáver en el lecho
de muerte? Yo lo veía de perfil; tenía los brazos cruzados sobre el pecho, las
piernas rígidamente extendidas, las puntas de los pies vueltas hacia arriba.
Sobre él se extendía un lienzo blanco. Pero, cosa rara, yo lo distinguía
igualmente debajo de la sábana blanca y reconocía en aquel maniquí mis rasgos.
¡Dios mío! ¿Estaba entonces realmente muerta?
Una intensa sensación parecía invadirme desde el fondo de mi alma.
Entonces fue cuando todo mi pasado afluyó de golpe como una gran ola a mi
conciencia. Todo lo que me habían enseñado, todo lo que yo temiera, todo lo que
esperara relacionado al gran paso de la muerte a la existencia espiritual, se
presentó en mi espíritu con indescriptible nitidez. Fue un momento solemne y
aterrador; no obstante, la sensación de terror se desvaneció enseguida y solo
la solemnidad grandiosa del acontecimiento permaneció...
De todos modos, en el mundo de los Espíritus, como en el de los vivos,
lo sublime se da codazos con lo raro o ridículo, de manera tan inmediata que
basta dar un paso para caer de lo solemne en lo divertido, del dolor en la
alegría, del desespero en la esperanza. Fue lo que aconteció en mi primera experiencia
en el mundo espiritual. Efectivamente, no pudiendo acallar las lenguas de
aquellas mujeres criticadoras y maldicientes, tuve que resignarme a oír todo lo
malévolo que decían de mí. Así fue como, por primera vez, tuve que contemplarme
a la luz que me veían los otros. Pues bien, la lección me fue instructiva.
Ahora había traspasado una frontera que despojaba de todo interés a los
acontecimientos mundanos. Aquellos conceptos calumniadores podían compararse a
un espejo convexo colocado delante de mi visión espiritual, dónde los defectos
de mi carácter estaban exagerados y deformados de modo grotesco, por la
convexidad del cristal que los reflejaba. Esta primera lección espiritual la
recibí por ello de mis amigas vivas.
Luego que se satisficieron sus instintos de enredo, las dos mujeres se
levantaron para venir una vez más a contemplar la fisonomía de la amiga que se
les murió y cuyo carácter habían anatomizado con tanta crueldad. Éramos tres
contemplando aquel cadáver, aunque una de las tres fuese invisible para las
otras. Y, como estas no percibían mi presencia, me desinteresé de ellas, para
absorberme en la contemplación del cuerpo inanimado, que fue mío. Miré el
pálido aspecto, demudado por los sufrimientos, y con mi mano invisible procuré
alejar de la frente los cabellos blancos que la cubrían, a la vez que una
inefable piedad me oprimía el alma, al pensar en la suerte de aquel cuerpo
viejo, del cual me sentía separada para siempre...
¿Estaba entonces muerta? Qué extraña sensación la de una persona saberse
muerta y sentirse exuberante de vida; cómo los vivos comprenden mal el sentido
de esta palabra. Estar muerto significa estar animado de una vitalidad
diferente y extraordinaria, de la que la Humanidad no puede hacerse ni idea...
Probablemente la muerte se diera hacía unas 24 horas; yo me adormecí en el
mundo de los vivos y desperté en el mundo espiritual. Es extraño que sólo en
ese momento pensé, por primera vez, que estaba en el mundo espiritual. Hasta
ahí, mis pensamientos y emociones se habían conservado presas en el mundo de
los vivos.
Pero, dónde estaban los espíritus de tantas personas queridas, que
habían traspasado antes de mí la frontera de la muerte? Esperaba verlas
acudiendo para darme la bienvenida en el umbral de la morada celeste y a
servirme de consejeros y guías. No me preocupada el aislamiento en que me
hallaba, y todavía menos me asustaba; sin embargo, experimentaba un penoso
sentimiento de decepción y desorientación. En todo caso, ese estado de alma no
duró más que un instante. Apenas formulé en mi espíritu aquellos pensamientos,
vi disolverse y desaparecer la habitación en que me encontraba y todo lo que
acontecía y me sitúe, no sé cómo, en una especie de vasta planicie. Era
indescriptible la belleza del paisaje. Bello es también el paisaje terreno,
pero el celeste es mucho más maravilloso... Caminaba; pero cosa singular, mis
pies no tocaban el suelo. Me deslizaba sobre este como sucede en los sueños...
¿Dónde estaban aquellos a quienes amé? ¿Dónde estaban tantos amigos
muertos, a los que tan unida estuve en la Tierra? ¿Por qué ese estado de
aislamiento en mi nueva existencia? No sentí haber hablado en voz alta mis
pensamientos; pero como si alguien me hubiese oído y se apresurase a atenderme,
vi delante de mí dos jóvenes, cuya radiante belleza superaba todo lo que el
espíritu humano pueda imaginar... Muchos años antes llevé a la tumba, con
lágrimas desesperadas de dolor, dos hijitos que adoraba: uno después del otro,
y muchas veces, al llorar sobre sus sepulturas, extendí los brazos hacia el
frente como si pudiese arrancarlos a la muerte arrebatadora. ¡Oh, mis hijos!
¡Mis hijos! ¡Cuánto os añoré! Cuando vi delante de mí a aquellos jóvenes
luminosos, un instinto súbito e infalible me previno de que ellos eran mis
hijitos vueltos adultos. No dudé un instante en reconocerlos. Extendí los
brazos, como antes hiciera en la Tierra, y esta vez si los apreté contra mi
pecho. ¡Oh, mis hijos, mis hijos! ¡Al fin volví a encontraros! ¡Oh, mis hijos,
míos para siempre!.
Con real pesar interrumpo aquí la narración de la entidad comunicante, narración que se vuelve más interesante al manifestarse el padre y la madre, los parientes, los amigos, así como también el Espíritu-guía de la difunta. Sin embargo, al no ser reproducible todo, me limitaré a transcribir un solo pasaje más en que se explica por qué motivo la personalidad comunicante permaneció algún tiempo en la soledad, en le mundo espiritual. Ella pregunta al “Espíritu-guía”:
¿Por qué fui condenada a pasar de un mundo a otro completamente sola?
El Espíritu-guía: “Condenada” no es el término, mi querida amiga. No
estabas sola. Eso te parecía, pero, en la realidad yo velaba ansiosamente por
ti, junto a muchos otros Espíritus de parientes y amigos, esperando el momento
en que nos fuese posible manifestarte nuestra presencia. Para muchas almas el paso del mundo de los mortales al de los
inmortales es un período de crisis moral muy dolorosa; esos seres imploran la
asistencia inmediata de los seres queridos que puedan reconfortarlos y
animarlos, hasta el momento en que se encuentran familiarizados con el nuevo
medio. Tú, sin embargo, no eres un alma como tantas otras. En el curso de las
vicisitudes más críticas de la vida preferiste siempre actuar sola; encerraste
constantemente en el fondo de tu alma tus pensamientos, tus meditaciones, el
fruto de tu experiencia, incluso tus emociones. Supiste, con firmeza de heroína,
encarar de frente la muerte. Ahora, a un temperamento como el tuyo convenía
que, en el medio espiritual, se encontrase en un aislamiento aparente, para
mejor apreciar seguidamente el valor de la sociedad espiritual. Por otro lado,
en cuanto sentiste la necesidad de compañía y lo deseaste con el pensamiento,
inmediatamente nos encontramos en condiciones de responder a tu llamada.
Estas explicaciones del Espíritu-guía son teóricamente interesantes porque constituyen una variante complementaria de otra información, que antes comentamos y según la cual “los Espíritus inferiores” no podrían percibir a los superiores, dada la diferencia existente en la graduación de las vibraciones de sus respectivos “cuerpos etéreos” y, por analogía, de las vibraciones de sus pensamientos. Pero, en este caso, es preciso ver primero que razones de temperamento aconsejaron, al “Espíritu-guía” de la difunta, someterla a una primera experiencia espiritual, consistente en permitirle conservarse en condiciones de soledad temporal al desencarnar. Esta condición será posible al estar los sentimientos de la muerta intensamente ligados al medio donde ella vivía. En ese estado, su mentalidad que todavía vibraba al unísono con las vibraciones específicas del medio terrestre, no llegaba a percibir las vibraciones infinitamente más sutiles del medio espiritual; por consiguiente ella no percibía a los Espíritus que se encontraban a su alrededor. Sin embargo, en cuanto su pensamiento se volvió hacía las cosas espirituales, ella vio desaparecer delante de sí el medio en que viviera y se encontró, como por encanto, en el medio espiritual. Al dirigir el pensamiento hacia sus muertos queridos, los puso en situación de podérsele manifestar; o más bien, ella se encontró en condiciones de distinguirlos, al haber su pensamiento y su “cuerpo etéreo” aprendido a vibrar al unísono con el mundo espiritual.
No será inútil repetir que también en este caso se aprecian algunas de las concordancias habituales. Así, por ejemplo, el detalle de la ignorancia de la propia muerte y de no intuir la verdad hasta que no se topa con su cadáver rígido sobre la cama. Lo mismo se verifica con relación al detalle de la “visión panorámica” de los acontecimientos de su vida qué también llegan más tarde a la visión subjetiva de la difunta, ya que antes no los había dejado presentarse. Se registran muchos casos en los que la demora de la prueba es todavía más considerable; aunque parece que nunca deja de verificarse. Señalemos finalmente otra circunstancia: la de que la muerta se halló en forma humana, en el mundo espiritual, donde andaba, o más bien, se transportaba a poca distancia del suelo.
SEPTIMO CASO
Este hecho fue relatado por la revista Light, en una serie de números (año 1922, Págs. 594-595, 610-611, 722-723, 768-769). Se trata de una serie de “revelaciones trascendentales” teóricamente importantes , en el sentido de que el medium, por el cual fueron obtenidas, era una señora de limitada cultura intelectual y que ignoraba completamente las doctrinas espíritas. El interés por la búsqueda mediúmnica se manifestó en ella repentinamente, a consecuencia de la muerte en la guerra de uno de sus hermanos, a quien mucho estimaba. (Más tarde su Espíritu-guía” le informó que fue él mismo quien la sugestionó en el sentido de comunicarse mediumnicamente). Una de sus amigas poseía una “plancheta” que nunca había servido. Mrs. Hope Hunter fue a visitarla y consiguió servirse y hacer mover el instrumento con mucha facilidad. Vio luego formarse algunas frases rotas, que indicaban la presencia de entidades que intentaban comunicarse. Una de ellas le aconsejó que abandonara la tabla y experimentase con el lápiz. Mrs. Hunter siguió el consejo y no tardó en escribir correctamente. Al cabo de algún tiempo tuvo la manifestación de su hermano muerto en la guerra, el cual aportó pruebas de identificación personal y narró a la hermana las circunstancias de su entrada en el mundo espiritual. Pero como esa narración contenía informaciones que parecían absurdas a la medium, pidió ésta, a otra entidad, explicaciones al respecto. La que se le manifestó, en calidad de “Espíirtu-guía”, se prestó a esclarecer los puntos que Mrs. Hunter encontraba dudosos. Aconsejándole enseguida que se dirigiese a alguna persona competente en materia de comunicaciones mediúmnicas.
En una primera carta que dirigió al director de Ligth, escribió la Sra. Hunter hablando de sí misma:
No tuve oportunidad de instruirme. A los
catorce años me vi obligada a renunciar a la escuela por causa de la muerte de
mi padre. No me juzgo capaz de redactar una composición cualquiera. Nada sabía
y nada sé de lo que respecta a las experiencias mediúmnicas.
Los Espíritus que se comunican me
aconsejan hacer examinar sus mensajes por alguien competente en el tema.
Fue en
virtud de este consejo que ella se dirigió al director de Light, Sr. David Gow,
que comprendiendo el valor teórico de este caso de mediumnidad súbita, lo
estudió cuidadosamente y al final publicó un artículo muy completo en su
revista.
Dada la imposibilidad de reproducir todo su largo contenido, me limitaré a transcribir los pasajes en que el hermano difunto describe pormenores del medio espiritual, o a episodios comentados por el “Espírtu-guía” de la medium, comentarios que intercalaré de modo más extenso.
Cuando el Espíritu del joven se manifestó la primera vez, sucedió lo que casi invariablemente sucede en esas circunstancias, como lo saben todos los que experimentan, esto es, que el Espíritu al reabsorber fluidos humanos para volver parcialmente a las condiciones terrestres, similares a las que se hallaba cuando terminó su existencia, no puede dejar de volver a sentir y, por consiguiente, transmitir al medium, los síntomas de la agonía. Esta vez la mano de la medium fue presa de temblores y de impresionantes arranques convulsivos, haciendo saltar el brazo en todas direcciones. Finalmente esas convulsiones se calmaron y dictó el Espíritu lo que sigue.
Fue lo que me pasó al caer mortalmente herido por las esquirlas de un
obús. Podría decirse que mi muerte transcurrió en menos de un minuto; las
convulsiones de la agonía fueron muy cortas, sin embargo tenía la sensación de que duraron largas
horas No te asustes; esto no te sucederá más. En cuanto a mí, estoy perfectamente
bien; pero al volver al medio terrestre y pensando en mi muerte, no pude evitar
que se reproduzcan los síntomas que la acompañaron.
Cuando fui herido me encontraba en una trinchera y cuando cesaron las
convulsiones estaba muerto. Me sentí entonces como antes, en perfecto estado de
salud. Me veía trajeado con el uniforme militar. Mi primer pensamiento fue para
“Ben” (su hijito) y, al pensar en él, me vi transportado a mi casa, dónde lo vi
durmiendo en su cuna al laso de Carrie (la madre). Los distinguía tan bien como
con los ojos del cuerpo; después te vi a ti y a John (el marido). Pensé en mi
madre y enseguida me encontré a su lado. La vi tumbada en su cama y le dirigí
la palabra, pero ella no dio ninguna señal de haberme oído. Volví entonces para
Francia, a mi trinchera; también es posible que me haya transportado a K... y a
S... y que al mismo tiempo no haya dejado la trinchera.
Me sabía muerto... un caso extrañó me pasaba; veía pasar delante de mis
ojos todos los acontecimientos de mi vida, en los que me había comportado
mal... Más tarde divisé un Espíritu que me venía al encuentro... Era mi padre;
aunque no lo reconocí. Pero en cuanto me llamó por mi nombre: “Will”, enseguida
lo reconocí y me lancé a llorar en sus brazos. Me sentía extraordinariamente conmovido
y no sabía qué decirle. Nada puedo decir con relación al tiempo que pasamos
allí. Me acuerdo apenas de que, durante ese tiempo dejé de oír a mis camaradas
y de percibir el fragor de la batalla. Sin embrago veía los pensamientos de
aquellos camaradas y así sabía que a muchos les había impresionado mi muerte.
Cuando mi amigo Franck se acercó a mi cadáver para verificar si estaba
realmente muerto, lo distinguí como con los ojos del cuerpo. Mi pobre amigo
deseaba estar en mi lugar y no le daba importancia a la vida, sino por el amor
de su Dora...
No me sería posible decir si estuve en alguna otra parte durante mi
permanencia en aquel lugar. Me encontraba en un estado de completa confusión de
ideas; lo que me rodeaba me parecía al mismo tiempo muy nítido y muy incierto.
Mi padre permanecía a mi lado animándome y diciéndome que no tardaría en
recuperar el equilibrio mental. Me llevó más tarde a su habitación, donde ahora
vivimos juntos, esperando que mamá venga en nuestra compañía...
Otro día, él me dijo: “¿Quieres ver
a tu abuela? Yo todavía no la había encontrado en el mundo espiritual. Ella
estaba, solo que parece que en una localidad alejada de nosotros. Papá añadió:
“Formula intensamente el deseo de estar al lado de ella y de que yo esté allí
también.” Lo hicimos simultáneamente y saltamos con la rapidez del relámpago, a
través del espacio. En menos de un segundo estábamos al lado de mi abuela. Ella
vive con mi abuelo y con mi tío Walter, a quien no conocí en la Tierra, pero
sin embargo percibí que lo conocía muy bien porque, cuando vivo, yo lo veía
frecuentemente en sueños; era mi padre quien me llevaba...
Lo que acabamos de leer está extraído del primer mensaje del hermano muerto de la Sra. Hope Hunter. En un segundo mensaje añadió muchos detalles acerca del momento de su muerte. Limitémonos a transcribir este pasaje complementario del precedente.
Muchos de mis camaradas se encontraban
muertos sin saberlo y, como no lograban percibir ciertas cosas, suponían que
soñaban. Yo, al contrario, me enteré inmediatamente de mi muerte, sin embargo
no conseguía comprender el hecho de ser absolutamente el mismo que
anteriormente. Antes de ir a la guerra jamás reflexioné sobre la existencia
espiritual; durante la vida en las trincheras pensaba en eso algunas veces,
pero lejos estaba de poder imaginar la verdad. Como es natural tenía en la
cabeza los “coros celestiales”, las “arpas angélicas”, de las que hablan en las
Sagradas Escrituras. Lo que sobre todo había de más incomprensible para mí era
verme y sentirme absolutamente el mismo individuo que antes, cuando en realidad
me encontraba transformado en una sombra. En contraposición, no podía
igualmente comprender que cuando os venía a ver, os veía como si todos fueseis
una sombra, mientras que yo no lo era. Cuando estuve en casa, al acabar de
morir, os vi como os veía antes; pero después poco a poco todos os fuisteis
tornando cada vez más evanescentes, hasta no pasar de ser puras sombras. En
suma no puedo distinguir en los seres vivos nada más que la parte destinada a
sobrevivir al cuerpo...
Bien vistas las cosas, mucho de
verdad había en lo que decía nuestro pastor en sus sermones... Hay realmente
una vida eterna. Es por lo menos lo que todos creemos; mientras los que en la
Tierra vivieron honesta y virtuosamente van para un lugar que se puede comparar
a un paraíso, aquellos cuya existencia transcurrió depravada y mala acabarán en otro lugar que se puede
exactamente definir como un infierno...
Estoy aquí activamente ocupado. Lo mismo pasa con todos, pero
suspendemos el trabajo cuando nos sentimos fatigados. Observa, sin embargo, que
cuando hablo de cansancio no me refiero al que vosotros experimentáis. Es algo
muy diferente. Cuando estamos fatigados pensamos en distraernos según nuestras
inclinaciones. Ninguno de vosotros podría imaginar en qué consisten nuestros
descansos...
Si pudiese volver a vivir (aunque
absolutamente no lo deseo) y si supiese lo que sé ahora, viviría de manera muy
diferente. Otro día te hablaré de mis
ocupaciones. ¡Por hoy, buenas noches!
Hasta ahí están los pasajes esenciales que relatan la entrada del muerto que se comunica en el mundo espiritual. Debo añadirles algunas otros escogidos en las aclaraciones dadas al respecto por el “Espíritu-guía” de la medium, a petición de esta. Comienza explicando:
Tu hermano, en cuanto lo hirió la explosión del obús, supo que le
llegaba la hora de la muerte. Lo desconocido que le esperaba se le presentó
terriblemente en los espasmos de la agonía... Cuando se comunicó mediúmnicamente
revivió esos terribles momentos. De ahí los temblores convulsivos de tu mano y
los movimientos de tu brazo que tanto te impresionaron...
La crisis de la muerte es fundamentalmente la
misma para todos; con todo, en el caso de un soldado muerto de manera casi
fulminante, la cosa puede variar un poco, pero no mucho. Al llegar el instante
fatal, el “cuerpo etéreo” que penetra el “cuerpo carnal”, comienza a libertarse de este último, a medida que va
perdiendo vitalidad... ¿Quien no ha visto una mariposa emerger de su crisálida?
Pues bien, el proceso es análogo... En cuanto el “cuerpo etéreo” se halla
liberado del “cuerpo carnal”, otros espíritus intervienen para ayudar al
recién-desencarnado. Se trata de un nacimiento, en todo análogo al de un niño
en el medio terrestre, lo que hace que el Espíritu recién-nacido tenga
necesidad de auxilio. Se siente aturdido, desorientado, aterrado y no podría
ser de otro modo... Casi siempre juzga que está soñando. En ese momento,
nuestro primer trabajo consiste en convencerlo de que no está muerto. Es de lo
que generalmente se encargan los familiares del recién-llegado y, lo que en la
mayoría de las veces, no sirve sino para confirmar en el muerto la idea de que
está soñando...
Tu hermano dice que se
transportó inmediatamente a Samerset; que habló con su madre; que vio a su hijo y te vio con tu marido. Voy a
intentar explicarte cómo ocurre eso. Después del instante de la muerte, el
Espíritu todavía se encuentra impregnado de fluidos humanos. Por lo que sé (y
no es gran cosa) este hecho significa que él todavía está en relación directa
con el medio terrestre. Pero al mismo tiempo está despojado del “cuerpo carnal”
y revestido únicamente del “cuerpo etéreo”. Le basta con dirigir su pensamiento a un determinado lugar para ser
instantáneamente transportado a dónde su deseo lo lleva. El primer pensamiento
de tu hermano fue dirigido, con gran afecto, a su mujer y a su hijo; Se
encontró por lo tanto súbitamente con ellos; estando todavía impregnado por
fluidos humanos pudo verlos como con los ojos del cuerpo...
Además de eso, cuenta tu hermano: “Vi pasar
delante de mis ojos todos los acontecimientos de mi vida, en los cuales me
comporté mal.” Se trata de un fenómeno muy notable de la existencia espiritual.
Generalmente eso preludia la sanción, a la que todos nos debemos someter,
tocante a nuestras faltas. La visión se desarrolla delante de nosotros en un
instante, pero nos oprime por su volumen y nos impresiona por su intensidad.
Casi siempre nos vemos tal cómo fuimos desde la cuna hasta la tumba. No me es
posible decirte la manera en que eso se produce, la razón del hecho reside en
una circunstancia natural de la existencia terrena, durante la cual toda acción
que ejecutemos, todo pensamiento que formulemos, para bien o para mal, queda
registrado indeleblemente en el éter vitalizado que nos impregna el organismo.
Se trata en suma de un proceso fotográfico; de este modo imprimimos y fijamos
vibraciones en el éter y este proceso comienza desde nuestro nacimiento...
Tu hermano continúa refiriendo como encontró
a su padre. Todo eso se produce en un instante de vuestro tiempo; pero para él,
que calculaba el tiempo por la intensidad de los acontecimientos, los segundos
parecieron horas. Al principio no reconoció al padre, lo que frecuentemente
acontece. En efecto, los desencarnados no esperan encontrarse con sus
parientes, además de que el aspecto de ellos está generalmente cambiado. Entre
nosotros también existe un desarrollo del “cuerpo etéreo” ... Un bebé crece hasta llegar a la madurez, Por
el contrario un viejo alcanza la edad viril, rejuveneciendo. Tu padre y el de
él murió en la plenitud de la edad adulta; a pesar de eso el hijo no lo reconoció
porque habían pasado muchos años y el padre alcanzó, en el medio espiritual, un
estado de radiante belleza. Lo reconoció en cuanto le dirigió la palabra. Nadie
puede engañarse en el mundo espiritual.
La otra afirmación de tu hermano es clara.
Observa él: “Yo podía ver lo que pensaban mis
camaradas” Este hecho se da porque en la vida espiritual la transmisión del
pensamiento es la forma habitual de conversación entre los Espíritus; además de
que muchos pensamientos se exteriorizan de aquel que los formula, revistiendo
formas concretas, correspondientes a la idea pensada, formas que todos los
Espíritus perciben...
Te informó al final de que vivía con vuestro
padre, en la vivienda de este último. Es absolutamente exacto. Ya en otro
mensaje te expliqué que en el mundo espiritual el pensamiento y la voluntad son
fuerzas por medio de las cuales se puede crear lo que se desee...
Paro aquí las citas. Se comprende que otras informaciones se encuentran concordantes con análogas afirmaciones contenidas en otras colecciones de revelaciones trascendentales; sin embargo, como generalmente se trata de informaciones concernientes a la existencia espiritual propiamente dicha, escapan a los límites que me tracé en esta obra y debo dispensarme de reproducirlos. En cualquier caso , los informes que transcribí deberían bastar para la confirmación de la gran verdad que resalta en el caso de los mediums improvisados, enteramente ignorantes de las doctrinas esp